La resiliencia

No podemos esperar acabar con el hambre y la pobreza sin crear medios de vida resilientes. Personas de todo el mundo están cada vez más expuestas a peligros de carácter natural y crisis –desde desastres naturales, epidemias y conflictos, hasta turbulencias en los mercados y crisis prolongadas-. La preparación para las emergencias es vital. Al ayudar a los países a crear o fortalecer los sistemas de alerta temprana y reducción de riesgo en desastres, la FAO se asegura de que aquellos que son más vulnerables, como la población rural pobre, estén más preparados para las crisis. Las personas con medios de vida resilientes están mejor capacitados para prevenir y reducir el impacto de desastres en sus vidas.

Los desastres y las crisis no sólo tienen efectos en el corto plazo, sino que socavan los medios de vida y los avances en el desarrollo nacional que ha tomado años construir. La FAO ayuda a los países a alertar a sus comunidades y a actuar contra las amenazas hacia la agricultura, la nutrición y la seguridad alimentaria.

Resiliencia ante las amenaza naturales y los consiguientes desastres

En cada uno de los últimos cuatro años, las pérdidas a nivel mundial como resultado de los desastres naturales han ascendido a más de 100 000 millones de USD (causadas por peligros geofísicos como terremotos, tsunamis y corrimientos de tierra, así como peligros hidrometeorológicos, entre ellos, tormentas, inundaciones, sequías e incendios incontrolados).

En concreto, los desastres relacionados con el clima están aumentando en todo el mundo y cabe prever que se intensificarán aún más con el cambio climático. Afectan sobre todo a las personas pobres y aquejadas de inseguridad alimentaria, de las que más del 75 por ciento se basan en la agricultura para poder vivir. Los efectos para los hogares son devastadores. Las inundaciones repentinas pueden destruir el valor de los activos de generaciones en minutos, mientras que la sequía prolongada va erosionando poco a poco las vidas y los medios de subsistencia (los cultivos se marchitan, los animales mueren y los escasos recursos desencadenan desplazamientos y violencia).

Prevenir y prepararse para los desastres –así como adaptarse a una variabilidad climática y a fenómenos atmosféricos extremos en aumento– es fundamental, pero falta la inversión adecuada. En los países que recibieron la mayor parte de la ayuda de carácter humanitario durante el último decenio, de cada 100 USD gastados sólo 0,62 USD se invirtieron en preparación. Son necesarios mayores esfuerzos concertados para reducir la exposición al riesgo y mitigar los daños y las pérdidas derivadas de los desastres naturales y de los fenómenos climáticos extremos.

La mayoría de los países en riesgo ya tienen en funcionamiento algunos mecanismos de reducción del riesgo de desastres y de respuesta a éstas, los cuales sirven de base para mejorar la prevención y la preparación. La FAO apoya sus esfuerzos para fortalecer la resiliencia de las comunidades y reducir su exposición al riesgo, evitando de este modo que ocurran los desastres. Cuando los desastres son inevitables, debido a la extrema intensidad de los peligros, la FAO les ayuda a reducir los daños y las pérdidas consiguientes y a garantizar que los gobiernos, las comunidades, los hogares y el sector privado estén bien preparados para responder a las situaciones de emergencia, así como a hacer frente a futuros peligros que afecten a la agricultura, la seguridad alimentaria y la nutrición. (FAO)