Érase una vez un zoológico

Luego de años de carencias económicas y mala gestión, la creación en 2015 de la Empresa Cubana de Zoológicos fue un paso clave para ayudar a la revitalización de ese tipo de instituciones.

Por Enio Echezábal Acosta

Cumplido el primer aniversario de la Empresa Cubana de Zoológicos el pasado 2 de diciembre, los retos para esa joven institución no dejan de ser pocos.

Aún queda mucho por hacer para recuperar el brillo que una vez tuvieran algunos de los principales zoológicos del archipiélago cubano, empañado sobre todo por las dificultades económicas de finales del pasado siglo, y por no pocos problemas de gestión.

Tal es el caso de dos instituciones insignes del país: el Jardín Zoológico de La Habana y el Parque Zoológico Nacional, cuya administración estuvo subordinada durante un largo período a la Dirección Provincial de Servicios Comunales de la capital, institución a la cual su alcance y funciones limitadas le impidieron administrar ambas instalaciones de forma óptima y contribuir a su digno mantenimiento.

Precisamente, debido al negativo contexto de zoológicos, en 2015 se decidió crear una institución que unificara a todos los centros de este tipo en el país, y surgió la Empresa Cubana de Zoológicos —dependencia del Ministerio de Agricultura—, mediante la cual se dieron los primeros pasos para revertir la situación, empezando por generar un cambio en el modelo de gestión que permitiera dar mayor coherencia al trabajo.

Desde su conformación se unieron a esta los dos zoológicos con sede en La Habana, ambos en calidad de Unidad Empresarial de Base (UEB), y se prevé que próximamente se sumen a sus filas otros cuatro centros de este tipo en el país. Tal es el caso de los parques de Villa Clara, Ciego de Ávila, Camagüey y Santiago de Cuba.

Según explicó Armando Barrios Buxaderas, comunicador de la Empresa Cubana de Zoológicos, para lograr su incorporación, cada uno de esos centros deberá pasar por un proceso evaluativo, durante el cual serán tomados en cuenta factores como la calidad de las instalaciones, el estado de la colección animal y la preparación del personal técnico.

«Todo este proceso de consolidación está proyectado hasta 2018, y tiene relación directa con los Lineamientos que promueven nuevos sistemas de gestión empresarial con carácter socialista», agregó.

Por su parte, Jorge Félix Marrero Álvarez, jefe de proyectos de la UEB Jardín Zoológico de La Habana, explicó que como nuevo sistema de gestión este todavía tiene puntos perfectibles, pero una de sus fortalezas es la mejora en el sistema de pago, que ha favorecido la estabilidad de la plantilla, un factor que influye también en la calidad del trabajo.

En el Zoológico de 26 —nombre con el que también se conoce al Jardín Zoológico de La Habana— nos recibe un grupo de venados de cola blanca, obra de la escultora Rita Longa, que como anfitriones simbólicos dan la bienvenida a todos los visitantes.

El zoológico más longevo de su tipo en el país acaba de celebrar sus 78 años y ya se alista para cuando le toque soplar sus 80 «velitas».

Ya como miembro de la Empresa, desde inicios de 2016 la UEB Jardín Zoológico de La Habana comenzó a recibir un mantenimiento general, cuya primera parte se enfoca en la recuperación y revitalización de los espejos de agua situados a la entrada del parque, según explicó Marrero Álvarez.

Él explicó que también se trabaja en la señalización, el mejoramiento de las condiciones en que viven algunas especies, así como en la habilitación de una granja educativa donde los niños puedan recibir clases y a la vez interactuar con los animales.

También han surgido nuevos espacios, como es el caso del herpetario —único de su tipo en el país—, destinado a la cría y exhibición de reptiles y anfibios, en su mayoría oriundos del archipiélago cubano.

Manuel Sánchez Ruiz, técnico a cargo de esa instalación, declaró que la misma forma parte de uno de los proyectos impulsados por los trabajadores de Educación Ambiental, con el objetivo de incluir a estudiantes de diferentes niveles de enseñanza y promover su interacción con el público, centrada en formar valores en torno a la protección y cuidado de la flora y la fauna.

El resultado principal de ese trabajo fue el surgimiento de Guardianes del Zoo, un grupo conformado por diez niños que dan los recorridos con el público y les enseñan a interactuar con las especies dentro del zoológico.

EL Zoo de 26 se destaca sobre todo por la crianza del jaguar o yaguareté —el felino de mayor tamaño en el continente americano— y resulta líder a nivel nacional en ese aspecto.

Además, según explica la bióloga Coralia León, es el único lugar de Cuba donde se reproducen el chimpancé, el mono araña y el coyote.

Safari en las afueras de la ciudad

El sueño que una vez fuera el Complejo Parque Zoológico Nacional comenzó a concretarse en la década de los 80 del pasado siglo. Más de 30 años después, luego de pasar por una etapa difícil, sigue siendo una institución de referencia para el resto del país, y poco a poco recupera el brillo de sus inicios.

«Las dificultades por las que pasamos durante el período especial hicieron que las condiciones del parque llegaran a ser realmente deplorables», explica el comunicador Armando Barrios Buxaderas.

«El deterioro de las instalaciones donde se encontraban los animales era deprimente. Las cercas y muros de contención estaban tan dañadas, que muchos creen que los animales no se escapaban porque eran agradecidos con nosotros», relata.

Otros problemas que afectaban el funcionamiento del centro estaban relacionados con tres elementos fundamentales: la red hidrosanitaria, los viales y la laguna de oxidación, destacándose esta última por su negativo impacto ambiental.

Según explica la dirección del centro, esa laguna —adonde van a parar todos los desechos del parque— nunca llegó a funcionar correctamente, y como consecuencia comenzó a filtrar al manto freático de la cuenca Almendares-Vento, importante fuente de abasto para la capital. Por ese motivo, el zoológico llegó a convertirse temporalmente en una fuente de contaminación.

«Logramos rescatar ese lugar gracias a una tecnología china que permite recoger los componentes tóxicos y evitar que continúen mezclándose con la cuenca», señaló Barrios Buxaderas.

Si bien el tema de los viales ya ha sido resuelto por completo, al referirse a la red hidrosanitaria algunos directivos explicaron que las múltiples zanjas que se pueden apreciar a lo largo del parque, evidencian el trabajo que aún queda por hacer en esa línea.

Incluido dentro del proceso inversionista, que se extiende a este año, también se crearon nuevos espacios como la sección del aviario —cuya antigua sede tuvo que ser demolida— y se habilitaron también las zonas de carnívoros y primates.

Aprovechando además que ya forma parte de la Empresa, el parque atraviesa un proceso de expansión que comenzó en 2013 con la llegada de la última donación de animales desde Namibia.

Yamilet Rodríguez Carrillo, especialista en Bienestar Animal de la Empresa Cubana de Zoológicos, explica que luego de la llegada de las nuevas especies se retomó la idea original del plan director del parque, que contempla la creación de diferentes praderas, representativas de cada uno de los cinco continentes.

Siguiendo esa idea se preparan varias zonas del parque para la creación de dos nuevas áreas de exhibición: la Pradera Euroasiática y el área de especies cubanas, espacios donde la inserción de los animales en el paisaje se asemeje lo más posible a los hábitats reales.

Así las cosas, puede ser que en el futuro cercano los visitantes puedan contar con la posibilidad de acercarse un poco más al lado «salvaje» de otras zonas geográficas, y quién sabe si en algunos años más ya no sea necesario un documental de Multivisión para conocer la naturaleza del mundo, sino que baste con pasar un día en los zoológicos capitalinos y, con un poco de suerte, de toda Cuba.